Textos #SemArq2016 - "Por el mejor Urbanismo en nuestras Islas", por Javier Hernández Guadalupe

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Traemos las reflexiones sobre un nuevo Urbanismo en general y en particular para Canarias de Javier Hernández Guadalupe, Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid, experto BIM y profesional interesado en otras disciplinas que complementan a la Arquitectura.
Muy interesante y para poder debatir ampliamente.


Por el mejor Urbanismo en nuestras Islas


La arquitectura y más concretamente el urbanismo, son campos que podríamos considerar sistémicos en nuestras vidas. Las personas y sus viviendas, sus espacios de trabajo, sus escuelas y hospitales, sus zonas verdes, la economía local y cada vez más la macroeconomía dependen de lo inteligentes que sean nuestras ciudades, o más bien de lo bien pensadas que estén.

Pero este artículo no va a indagar sobre la moda pseudo-tecnológica de las ​smart-cities. Mejor hacernos preguntas más atemporales y sin embargo de gran actualidad en nuestro país: ¿Es posible la arquitectura sin urbanismo? ¿Es posible el paisaje sin el ser humano que lo modifique? ¿Es posible la economía sin dinero? ¿Hay sociedad sin humanismo?

Estas preguntas, aunque no lo sepamos, son las que se debaten cada día entre todos los agentes de la construcción, incluidos los promotores, los legisladores, los jueces y los mismos obreros mientras materializan o destruyen nuestro estilo de vida de los próximos 50 años.

Voy a ir desmenuzando los conceptos clave de cada una de estas preguntas-debate que son vitales para el territorio canario. Empezaré por el primer concepto que titula este artículo.

  • El Urbanismo:
    El Urbanismo abarca campos tan dispares como Arquitectura, Ingeniería, Paisajismo, Economía y Sociogía; otros campos importantes son la Filosofía, la Historia y la Jardinería.

    Para quien aún no lo tenga claro, dedicarse al Urbanismo no es lo mismo que urbanizar. Urbanismo no es poner calzadas y aceras. Urbanismo no es sólo hacer leyes del suelo ni conceder licencias de edificación. Urbanismo es el arte de hacer a cientos de ciudadanos más felices con pequeñas acciones.

    El Urbanismo, por su cantidad de campos inabarcables y por el inconveniente lugar que ocupa en la administración lleva demasiado tiempo ejerciéndose de manera bastante despreocupada. Y digo esto principalmente por los defectos urbanísticos acumulados que sufro cada día como ciudadano, ya que como profesional de la construcción aún no me he topado con ningún profesional especialista en urbanismo que me parezca ni insensato ni incapaz.

    Un buen urbanista se ocupa de forma directa de cosas tan elementales como las siguientes:

    La densidad y diversidad de la población.
    La densidad y heterogeneidad de actividades económicas.
    La densidad e idoneidad de las dotaciones y equipamientos

    Y de forma indirecta debe considerar, entre otros, los siguientes aspectos:

    La cultura y la conducta de los ciudadanos.
    La antropización del paisaje.
    La sensación de seguridad, salubridad y confort en el espacio público.
    La especulación económica del suelo (sí, predecir los movimientos especulativos es parte necesaria de su trabajo).

    Cualquier negligencia o falta de atención a alguno de estos aspectos puede tener consecuencias en cadena muy indeseables, como por ejemplo barrios inseguros o guetos, comercios deficitarios, microburbujas o modas fugaces que desequilibran la economía y los usos de los espacios públicos.

    Para Lanzarote y para la mayor parte del territorio canario yo deseo el mismo urbanismo en el que creía César Manrique y que es difícilmente aplicable en cualquier otro territorio de España o Europa. Un territorio de densidades bajas estructurado por pueblos de densidad media que concentren población y actividades económicas; y sus hitos de interés paisajístico que enseñen a los lugareños y a los turistas a entender nuestra tierra.

    En una isla, al estar aislada por definición, debe haber de todo. Hoteles, sí; pero limitados ya que no tenemos ni queremos parecernos a las costas saturadas valencianas o andaluzas. Macrodiscotecas y carpas para fiestas sí, pero limitadas, nuestra fiesta es más parecida a un concierto al ​ aire libre o una verbena que una ​rave de Mallorca; Campos de golf sí, pero no nos olvidemos que vivimos al lado del desierto del Sahara, y que no podemos permitirnos ir en contra del clima cuando el agua está limitada.

    El buen Urbanismo no legisla de manera rígida con líneas claras, sino que pone estándares que hacen flexible y lógico el desarrollo de un territorio. Todo ello confiando en una buena aplicación de la ley.

    No hacen falta grandes fondos presupuestarios para pensar en líneas estratégicas a medio y largo plazo. Las Islas Canarias y cada una de las islas necesitan tener unos planes territoriales ambiciosos y unos marcos normativo claros y flexibles donde desarrollarse.

  • Paisajismo:
    Al igual que ocurre con el Urbanismo, existe el error comúnmente aceptado de que hacer paisajismo es reproducir o modificar entornos naturales.

    Podemos observar cómo aún está extendido el el concepto obsoleto de paisajismo que tuvo origen en inglaterra en el S.XVII. A veces oigo cosas como que ​dedicarse al paisajismo es dedicarse a la jardinería, o que ​paisaje es simplemente el entorno que vemos en el horizonte. El Paisajismo y el paisaje del que hablamos en el siglo veintiuno constituyen conceptos mucho más complejo que estas afirmaciones, y debemos tratarlos con sumo respeto y cuidado.

    Por ejemplo, no es sensato intentar definir qué es la Naturaleza cuando ni los antiguos filósofos griegos consiguieron ponerse de acuerdo en quinientos años de debate. Lo mismo ocurre con lo que es artificial y lo que no.

    Sin embargo podemos decir con bastante acierto que el paisaje es el entorno, natural o antropizado, visual, económico y cultural que nos rodea. O lo que es lo mismo, la Convención Europea del Paisaje firmó en 2008 un tratado para la gestión y protección de los mismos que definía así el concepto: “(...) ​cualquier parte del territorio, tal como es percibida por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la acción de factores naturales y/o humanos y de sus interrelaciones”.

    Así, el Paisaje es una interpretación del orden y el desorden de nuestro entorno: Si cae un árbol en un bosque y nadie lo presencia es como si nunca hubiera caído. De la misma manera, no existe paisaje sin las personas que lo disfrutan.

    Tuve la suerte de estar en clase con el profesor Iñaki Ábalos en la asignatura de proyectos de la ETSAM, antes de que se fuera a dirigir el departamento de Arquitectura de la universidad de Harvard. Nos contó lo bonito que fue ver cómo una explanada de hierba en medio de un monte cobraba vida y valor paisajístico cuando se empezó a divulgar que allí se libró una batalla decisiva y épica en el pasado. No hay mucha diferencia con la forma en que veía César Manrique nuestros malpaíses, devaluados a ojos de los lugareños por su improductividad agraria.

    César Manrique supo ver el paisaje e interpretarlo como artista igual que Ábalos, en el caso descrito, como historiador. Ambos supieron interpretar el paisaje más allá de lo visual para profundizar en lo cultural y dieron valor a algo que a priori no lo tenía: un erial de malpaís o un prado.

    No sabemos qué parte del paisaje es natural y cual está modificada por el hombre. Pero podemos afirmar con sentido práctico que no existe paisaje totalmente intacto por el hombre desde el momento que dos personas que andan por Las Montañas del Fuego van dejando huellas en el rofe.

    Me gustaría ver a César Manrique explicándole a los ecologistas radicales o a algún pseudo-paisajista por qué las acciones paisajísticas de los Jameos del Agua y la Fundación CM eran intervenciones deseables para la interpretación del territorio lanzaroteño. ¿Serían capaces de diferenciar dichas actuaciones con el Hotel Fariones en Puerto del Carmen con argumentos de paisajista?

    Sería ideal que las personas que se atreven a sentenciar sobre la categoría Paisaje usando la palabra Naturaleza se interesaran más por pensar estrategias y sinergias complejas; y que vislumbraran la riqueza de una buena ordenación territorial.

  • Economía:
    No me permito caer en el tema de máxima actualidad de si nuestra economía puede o debe crecer hasta el infinito, ya que sería un debate demasiado especializado para mis conocimientos. Pero a pie de calle sí que se está empezando a plantear la hipótesis de qué pasaría si funcionáramos de forma totalmente autosuficiente. ¿Qué pasaría si consiguiéramos vivir en nuestras islas de manera autónoma? Es una idea potente desde luego.

    Cada vez más vemos cómo podemos obtener energía de fuentes inagotables como la solar, la eólica o la mareomotriz. Además podemos compartir esa misma energía con otros si nos sobra o falta, pero también coches, viajes, enseres personales o bienes inmobiliarios con una facilidad nunca vista. La economía compartida y la colaborativa han generado nuevos paradigmas que nuestra economía está asimilando con una rapidez asombrosa. Un dato: debido a los Alisios en el norte de la mayoría de las islas hay más viento y más olas que en el sur. Sin embargo en el sur suele haber, por regla general, más horas de sol.

    Cada placa solar o molino de viento tiene picos de producción al año que no se pueden aprovechar y que cuesta almacenar, así como bajones de producción que no abastecen a la red. ¿Se podría hacer un sistema que gestione de manera eficiente la energía producida por todos estos medios? Dejo la pregunta en el aire.

    Pero no debemos confundir una tendencia o una moda con un cambio de modelo económico. Todas las civilizaciones y culturas que han pervivido en la historia de la humanidad han tenido una moneda de cambio, y una actividad económica y comercial alta. Cuando han sido proteccionistas lo han hecho de manera muy selectiva. Y por supuesto han tenido un balance económico positivo sin excepciones. Con lo cual tenemos que olvidarnos de la autonomía económica total por inviable.

    ¿Puede vivir Canarias sin turismo? Si nuestra economía fuera autosuficiente en bienes y servicios no necesitaríamos pasear a los turistas por nuestros idílicos parajes. Pero si queremos importar bienes más nos vale que entre más dinero del que sale. Con lo cual deberíamos vender nuestros plátanos y tomates a precio de oro en Europa... además de aumentar la producción.

    Por mucho que pensemos pocos creen que sea viable vivir sólo de la agricultura. Sin embargo una explotación turística desmedida desgastará el paisaje y devaluará la oferta hasta hacer que nuestra oferta pierda valor, y acabemos vendiendo cada vez más nuestro patrimonio a un precio menor, como ya ocurre en ciudades como Barcelona, Venecia o las costas baleares.

    Todo afecta a nuestro balance contable. Y aunque parezca algo novedoso, el hecho de que nuestra economía se esté asimilando conceptos como colaborativo, compartido, reaprovechamiento y sostenibilidad, no es nada nuevo y además era algo necesario ya que reduce notablemente nuestro gasto. Lo que es excepcional es la mentira que hemos vivido en las últimas tres décadas en nuestro país y en las economías comúnmente llamadas desarrolladas.

    Lo que está ocurriendo después de esta recesión y su resaca, que aún nos dura, nos hemos dado cuenta de que lo que nos vendían como ​desarrollismo, no era más que el envoltorio de un paquete que venía con muchas malas prácticas que se han convertido en malas costumbres, y casi en cultura nacional.

    Esas malas prácticas fueron absorbidas y sistematizadas por ciudadanos y profesionales sin altura de miras, incívicos y/o egoístas. Casi todos podemos encuadrarnos en una o varias de estas responsabilidades económicas.

    Lo cierto que la tecnología está empaquetando ahora muchos conceptos que reequilibran nuestra economía después de los excesos pasados. Pero no debemos ser simplistas ni pensar que la economía colaborativa va a arreglar todos nuestros problemas, porque ya aceptamos un caballo de troya similar con el ​desarrollismo en los años 80-90.

    La tecnología nos hace más capaces. La reducción de gastos mediante un uso eficiente de los recursos es una oportunidad económica para nuestro sistema endeudado, pero no es la solución a todos nuestros problemas.

    Lo que está claro es que la moneda y la deuda siempre han sido partes necesarias en cualquier economía y no debemos renegar de ellas por sistema.

    Por un lado la moneda sea física o digital, es un método de trueque tan eficiente que ninguna red social colaborativa podrá sustituir nunca. Por mucho que nos volvamos autónomos y colaborativos, nunca podremos aislarnos del todo. Siempre tendremos que pedir algo a alguien, y para entonces mejor tener algo de dinero a mano. Otro asunto es que cada día podremos elegir usar monedas alternativas que se irán generalizando, si la tradicional deja de darnos confianza.

    Y la deuda, aunque ahora nos pese, es una herramienta sin la cual ninguna empresa, ciudad, o civilización puede funcionar. Como individuos y como sociedad tenemos la responsabilidad de elegir muy bien la cuantía de nuestra deuda, si merece la pena, y a quién le deberemos.

    La deuda de nuestras islas influye cada año en nuestros balances y en nuestra capacidad de gasto. Sea cual sea el modelo económico (financiero, agropecuario y turístico) que elijamos, debe ser un modelo en el que entre más dinero del que sale en las arcas públicas y en nuestras empresas, minimizando los efectos de la llamada ​coyuntura económica mundial.

  • Sociología:
    Otra disciplina a tener en cuenta en el Urbanismo es la Sociología. Es un campo que ha sido utilizado un sinfín de veces para dar sentido a teorías económicas con mayor o menor acierto.

    No existiría la sociología si los humanos no tendiéramos a agruparnos. Cuantos más somos y más juntos estamos más y mejores cosas hacemos, y en menor tiempo. La sociología analiza los movimientos de los individuos y grupos de individuos dentro del todo para optimizar el funcionamiento del tejido social o para atenuar o eliminar sus efectos secundarios.

    La Sociología desde hace tiempo no tiene un papel relevante en nuestro sistema debido a la llamada economía conductual. Se trata de una colección de normas y paradigmas causa-efecto de la naturaleza humana que han asegurado un crecimiento del capitalismo más o menos constante durante décadas, y nos han llevado a burbujas y pinchazos históricos cada cierto tiempo.

    Por desgracia, la mayoría de las veces la economía conductual suele hacer análisis parciales e incompletos, y se ha demostrado que si se cumplen la mayoría de las reglas conductuales que propone suele deberse a que todos los individuos involucrados creen firmemente que las premisas son ciertas, generando una profecía autocumplida.

    Independientemente de que la economía conductual sea eficaz o no para analizar el comportamiento humano, el problema es que si sólo analizamos a las personas en el plano económico, como se ha venido haciendo hasta ahora, el ciudadano se siente desamparado en un sistema que le guía como si fuera una cobaya de experimentos.

    La alternativa clara que tenemos es recuperar al urbanista con sensibilidad sociológica y humanista para contrarrestar la sociología fría de los números, la eficiencia y los resultados. Un espacio público con bancos para que las personas se sienten a descansar no es malo para la economía ni para las terrazas de restauración. Es bueno para que haya actividad y que la gente se siente a pensar en qué terraza se tomará el café o a qué tienda entrará. Se reducirá el consumismo absurdo para promover un consumo responsable.

    Un espacio público con zonas verdes, equipamientos deportivos públicos y actividades culturales no constituye malgasto de recursos ni fondos públicos. Está comprobado que las ciudades con más zonas verdes gastan menos en Sanidad, las que tienen más actividades culturales tienen menos fracaso escolar y las que tienen más dotaciones deportivas tienen menos delincuencia y mayor calidad de vida.

    Ciertos modelos de ocio son incompatibles o compatibles con salvedades. ¿Avenidas comerciales, de terrazas y restaurantes o mixtas? ¿Playas de surf, windsurf, kitesurf o de bañistas? ¿Ocio nocturno de bares pequeños, de pubs o de discotecas? Todo ello tiene un alto componente cultural y conductual que ha de ser sopesado.

    Si queremos para la Isla de Lanzarote unos entornos urbanos y naturales en el que nos sintamos acogidos y bien servidos necesitamos verlos con el ojo puesto en las necesidades de todos isleños, los permanentes y los que vienen de paso. Lo contrario sería tratar a las personas como mercancía.

En respuesta a las preguntas iniciales
La arquitectura sin urbanismo es como un monumento artístico perdido, abandonado. La casa de la cascada de Wright, sobretodo en sus orígenes, es un claro (y caro) ejemplo. Los monumentos de Cesar Manrique son un ejemplo de orgullo nacional de Arquitectura ligada al Urbanismo, y por tanto al paisaje.

La economía sin dinero es como un motor sin gasolina. Si aplicamos medidas proteccionistas a nuestro territorio debemos estar preparados para prescindir de muchos productos importados. Debemos aumentar nuestra autonomía energética, financiera y comercial, pero sin incurrir en una idealización de la independencia económica.

El paisaje, sin el ser humano que lo interprete, es como si no existiera. Es necesario educar la mirada para ver más allá de lo que está delante de nuestros ojos. Lanzarote no es sólo su sol y sus playas, Tenerife no es El Teide y La Palma no es sólo sus plataneras. El territorio canario se merece una mirada profunda y preparada antes de ser modificado.

Necesitamos más sociólogos en nuestras ciudades y menos economistas. Una sociedad sin humanismo es como estar en una fiesta en la que te cae mal todo el mundo. Es estar en una ciudad queriendo irse a vivir al campo. Lo deseable es estar en Canarias y sentir que vivir aquí te hace feliz cada día.

Nuestros problemas de desarrollo son exclusivamente nuestros y por nuestra singularidad difícilmente nos valdrá importar soluciones madrileñas, baleares o gallegas. Para cada una de las preguntas que apunté en un principio, las islas deberán dar con solvencia respuestas propias y creativas. Por nuestro bien, espero que dentro de cincuenta años se hable de las Islas Canarias como un ejemplo de ordenación del territorio, y por tanto, de calidad de vida sostenible.

Javier Hernández Guadalupe

Arquitecto

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