Relatos, "Paisaje Insular" por Blanca Fajardo López

Publicado en

Cerramos esta serie de textos sobre arquitectura, urbanismo y Lanzarote con un artículo de Blanca Fajardo López, arquitecto, urbanista y Presidente de nuestra Demarcación. En él se habla de nuestra isla, de la intervención del ser humano en el territorio y de cómo se hace paisaje.

PAISAJE INSULAR


Fotografía. Leandro Betancor

Lanzarote es una isla paisaje, una isla frágil que tiene que conjugar, en un difícil equilibrio el paisaje natural y el cultural, creado por el hombre.

De qué hablamos cuando usamos el término paisaje, es el entorno donde el hombre se mueve, el espacio donde habita, se encuentra fuertemente condicionado por su pensamiento, por el sentimiento que da a su vida, el paisaje no es solo el espacio físico donde el hombre desarrolla su actividad, el lugar donde se asienta la arquitectura, sino algo delimitado y creado por el propio hombre. En Lanzarote, aún más al ser un referente, aquí el paisaje se transforma en marca, reconocida por todos, presente en la memoria, parte de la economía, de la historia, del presente y del devenir futuro, con todas las connotaciones que este contiene. El paisaje no es sólo una marca, una imagen, es también la huella dejada en la memoria individual y colectiva, es la huella dejada por el hombre sobre el territorio y al mismo tiempo la huella dejada por el territorio en la memoria del hombre. Por tanto no es posible intentar entender al hombre y su cultura sin el entorno que lo vio nacer, ni es posible tampoco intentar aproximarnos al valor de un paisaje sin estudiar las procesos humanos que en el actuaron.

Me he sentado en un café junto a la plaza, frente a las casas, iglesia y monumentos, inserta en mi paisaje urbano cotidiano me planteo qué entiendo por paisaje insular, qué se oculta tras este y tras otros propios de nuestro entorno. A mi espalda la pared del café. Sol. Las once. La cara de enfrente de la plaza en sombra está vacía, los turistas buscan sentir el sol mientras caminan. Conversaciones cercanas siempre un idioma diferente, pasos en la plaza, en los adoquines, sin coches, sin estrépito de motores, de vez en cuando saludo a un conocido que pasa mirando el suelo, despacio, a la sombra. Me figuro que este rito mio del café es para mis vecinos de mesa el comienzo de las vacaciones y este paisaje urbano de casas terreras blancas, de calles-plaza, esta pulcritud carente de mas ornamento que el espacio y la luz, este pueblo sobrio y bello es, para ellos, el paisaje esperado, una imagen de postal de la que formo parte.

Pero lo que este paisaje evoca en mí difiere de lo que el visitante percibe. Nos emocionamos ante este entorno; la gente, el aire, los ruidos, los colores, las presencias materiales y también. las formas. Formas que encuentro, que encontramos bellas, todo ello matizado por mi propio estado de ánimo, mis sentimientos, mis expectativas.

Pero Frente a esta imagen bucólica que les muestro quiero abrir aquí el debate de nuestra realidad insular, la difícil y necesaria conciliación entre la conservación de estos paisajes urbanos y naturales con la modernización que reclama y necesita su población. La introducción y puesta en valor de nuevas arquitecturas, el fomento de la creatividad, la libertad formal entendida desde el respeto al entorno en que se inserta. Porque esta imagen oculta también una sociedad que no ha resuelto aún cómo llegar a la conciliación entre tradición y modernidad.

Esta necesidad la encontramos también en el paisaje agrícola de Lanzarote; este la muestra del durísimo esfuerzo de los que lo crearon y del durísimo esfuerzo de los que lo mantienen porque sólo tiene sentido mientras siga siendo cultivado y cuidado. Este entorno, muestra de una naturaleza que se impone es, a simple vista, un lugar para el disfrute visual pero es también un paisaje fuertemente antropizados, con una intensa carga cultural y económica.

De nuevo nos queda el camino de conciliar la tradición con la modernidad.



FOTOGRAFÍA. LEANDRO BETANCOR

El paisaje de Lanzarote es un reflejo de nuestra cultura, de la adecuación a las condiciones naturales y del esfuerzo transformador de generaciones actuando sobre un territorio no siempre amable. Es por ello que debemos alejarnos de la visión de éste como un elemento fijo e inamovible, una imagen romántica que plasmar en una foto, debemos reconocer el paso de generaciones de anónimos constructores de ese paisaje ahora idealizado y explotado como reclamo turístico. La consideración del paisaje como cualidad de todo el territorio requiere pasar de su concepción meramente estética a una que analice sus valores sociales, culturales y económicos.

El paisaje es entendido en la actualidad como un valioso integrante de la calidad de vida de todos los ciudadanos, es también muestra visible de la adecuación entre la naturaleza y su gestión humana, factor de localización para determinadas actividades y patrimonio natural y cultural colectivo. Al mismo tiempo se están produciendo grandes cambios en los paisajes, muchos de ellos sin conciencia de sus repercusiones y con pérdidas de gran magnitud. Por todo ello considero imprescindible valorarlo y diferenciarlo como un recurso que tiene que ser bien administrado.

Instituciones y organismos insulares y regionales han de desarrollar políticas específicas dedicadas al paisaje y de expresarlas mediante instrumentos normativos, de planificación y gestión.

Paisaje y ordenación del territorio guardan una estrecha relación.

FOTOGRAFÍA. LEANDRO BETANCOR

Lanzarote tuvo, en los años setenta, un proyecto de futuro común y esperanzador fue pionera en la conservación del territorio y control del crecimiento turístico. Creó una imagen que exportó y que fue fiel a su realidad insular pero que ya no es aplicable en su totalidad. El paisaje idealizado de la casa blanca, de carpintería verde, asentada sobre un manto negro de picón, es ahora entendido como un modelo ecológicamente insostenible que consume recursos y territorio. Ahora estamos carentes de referencias, de modelos, existe miedo a la modernidad, al cambio, porque se identifica con la falta de respeto y con el deterioro de nuestros entornos, es algo lógico porque la presión económica sobre ellos es muy fuerte pero olvida que el paisaje es muestra de la sociedad, que se crea y se aprecia dependiendo del que lo percibe. Es necesario analizar, reflexionar y conciliar para que nuestros paisajes futuros sean, como lo fueron, muestra de nuestra naturaleza, de la historia y la realidad social.

FOTOGRAFÍA. LEANDRO BETANCOR

Nos queda el quehacer diario, los arquitectos que proyectemos en estos entornos naturales debemos conjugar el respeto medioambiental con la nueva arquitectura tanto mimetizándose, actuando levemente sobre estos paisajes o interpretándolos, convirtiendo esta arquitectura en paisaje.

Arrecife, 14 de abril de 2010

Share this Compartir